Cumplir con las expectativas de descanso para todos los miembros de la familia puede resultar un trabajo agotador. Ellas suelen ser múltiples y en ocasiones difíciles de conciliar, en especial cuando las familias se componen por personas de diferentes edades y donde los criterios de lo que son las vacaciones pueden ser diametralmente opuestos. Especialista aconseja cómo aprovechar esta época para mejorar la calidad de vida de toda la familia.

— Por: María José Winter

Las vacaciones de verano constituyen el tiempo más deseado por la mayoría de las familias. Durante este período, las personas tienden a desplazarse a un lugar distinto, a reunirse con la familia extendida, o bien a descansar en su propio hogar. Sin embargo, compartir un tiempo juntos, no siempre resulta como se había imaginado. Así, mientras para algunos leer, caminar, jugar cartas o tomar sol es todo lo que necesitan, para otros el tiempo tiene que estar dedicado a subir cerros o a carretear hasta altas horas de la madrugada.

Entonces, ¿cómo conciliar todos los aspectos para mejorar la calidad de vida familiar? “Según algunos autores, entendemos por Calidad de Vida Familiar a un estado dinámico de bienestar familiar, definido de forma colectiva y subjetiva, valorado por sus miembros, en el que interactúan las necesidades a nivel individual y familiar”, explica la psicóloga y docente de la carrera de Trabajo Social, de la Universidad del Pacífico, Susana Arancibia.

Para la especialista en mediación familiar, la percepción de calidad de vida es muy subjetiva. Sin embargo, a partir de la conceptualización es posible identificar algunos criterios generales.

“Uno de los aspectos más importantes a considerar es la comunicación al interior de la familia. Durante el período vacacional, cada uno de los miembros tiene el tiempo y espacio para compartir sentimientos, ideas y opiniones. La idea es poder reencontrarnos desde las propias vivencias, afianzando de paso la identidad familiar de la cual somos partícipes. La conversación no forzada, simple y fluida con los seres que amamos suele generar bienestar emocional individual y grupal”, asegura Arancibia.

Un segundo tema a considerar está asociado al apoyo mutuo. “El tener que convivir en un mismo espacio, que no es el propio, implica percatarse de las necesidades de los otros. Un ejemplo claro en esta materia se asocia directamente al rol de padres y, en concreto, al rol de la madre. Suele ocurrir que en los paseos familiares la mujer-madre tiende a replicar las funciones que habitualmente realiza en casa, sobrecargando su trabajo. En tal sentido, es necesario entender que al salir en familia, las vacaciones son para todos y cada uno de sus miembros, por lo tanto es muy importante generar una repartición de roles domésticos en forma equitativa”, aconseja.

Algo similar ocurre con el ejercicio del rol parental. “Si la pareja tiene hijos pequeños es muy positivo que puedan tener un tiempo juntos, de calidad y sin la preocupación del cuidado de los niños. Para ello pueden optar por acudir a la red socio-familiar”, plantea la experta de la U. del Pacífico.

Si bien la psicóloga reconoce que en ocasiones los padres tienden a ser sobreprotectores con sus hijos, es importante que les permitan compartir con otras personas significativas. “Deben recordar que la vivencia de experiencias estimula las habilidades de sus hijos y genera aprendizaje para la vida adulta. Además, se debe considerar que la mejor protección para cualquier niño es mantener a ambos padres sin complicaciones. Esto significa que los adultos deben equilibrar sus roles de pareja y padres. En la medida que la pareja es capaz de mantener y potenciar su intimidad, amor y complicidad, existe una mayor probabilidad de que se mantengan juntos en el tiempo, principalmente en aquellos momentos cuando las situaciones pueden ser adversas para la familia en general”, señala la profesional.

Todos para uno y uno para todos

Un aspecto importante es la necesaria flexibilidad que debe tener cada uno de los participantes de la familia. “Las vacaciones habitualmente no acontecen tal como fueron planificadas o soñadas. En este caso, la capacidad de modificar o adaptarse a los contextos que les toca vivir parte por los adultos, quienes deben dar el ejemplo a sus hijos. Éste es un muy buen momento para aprender que las cosas no siempre salen como uno quisiera, sin embargo si somos capaces de flexibilizar, adaptarnos e incluso reírnos de las situaciones, no sólo estamos propiciando una buena calidad de vida, sino que además generaremos valores y aprendizajes que servirán de guía en la etapa  adulta”, agrega.

En esta misma línea, es muy relevante validar el sentido del humor. “De hecho, ´familia que ríe junta, se mantiene unida´. La risa es uno de los aspectos más distinguidos y más estudiados en los últimos años. Proporciona sensación de bienestar físico, emocional y social a quienes lo vivencian y las vacaciones suelen facilitar el espacio y tiempo para generar actividades que potencien la alegría familiar”, indica la experta.

Asimismo, se debe tomar en cuenta la participación individual y colectiva en la red socio-familiar. “Este tipo de actos otorga identidad al grupo y, al mismo tiempo, potencia la comunicación con otras personas, permitiendo conocer mundos distintos, participar en decisiones respecto de situaciones que son del interés familiar, ampliando las experiencias de vida”, señala la docente de la Universidad del Pacífico.

En este sentido, es clave estimular a los niños a participar en la toma de decisiones respecto de algunos aspectos que los involucran en tiempo de vacaciones. “Jugar en la arena, organizar un paseo, etc., constituyen acciones que otorgan un sentimiento de reconocimiento y utilidad para el grupo del cual forman parte y, a la postre, una sensación de bienestar”, plantea Susana Arancibia.

Adicionalmente, el reconocimiento y respeto por la diversidad de intereses y gustos es fundamental en la evaluación de la calidad de vida que hacen cada miembro de la familia. “Una de las grandes dificultades que presentan las familias es justamente tratar de conciliar las distintas motivaciones en un corto tiempo. Si bien es muy posible que no siempre se logren conjugar todos los intereses, es trascendental asumir tal situación y validarla. Por ejemplo, señalándole a los niños que si bien en estas vacaciones no alcanzan a realizar lo que ellos quisieran, cualquiera sea el motivo, tiempo, dinero, espacio u otro, queda pendiente para una próxima salida familiar o bien negociar entre todos las posibles alternativas de cumplir. En tal sentido es muy importante explicarles lo que es real y posible de hacer durante las vacaciones, sin generar falsas expectativas, ya que los niños no olvidarán los compromisos asumidos por los adultos”, comenta la profesional.

Para finalizar, la docente de la carrera de Trabajo Social de la U. del Pacífico señala que, “en síntesis, la familia alcanza mayor calidad de vida cuando disfruta de experiencias comunes, cuando cada uno de sus miembros logra satisfacer sus necesidades individuales y logran asumir o reconocer su identidad familiar. En este sentido, las vacaciones constituyen un espacio importante para potenciar la cercanía familiar y, en definitiva, la sensación de bienestar de cada uno de sus miembros”.

Fuente: Universidad del Pacífico