Música y comida. Hablamos con Mauricio Jürgensen para conocer detalles del proceso y concepción de su reciente libro, además de indagar en alguna que otra papita relacionada con la comida y algo más.

— Por: Bárbara Alcántara

Un hilvanado perfecto. Tres palabras que sintetizan el trabajo del periodista especializado en música Mauricio Jürgensen (42). Hace un par de semanas, el hombre de radio, publicó “Dulce Patria: Historias de la música chilena”, texto de 212 páginas en el que, como el mismo aclara “trajina el pasado y celebra el presente” de la música chilena. Se trata de un material de nueve capítulos cuya misión es rescatar desconocidas historias que atraviesan a las distintas generaciones de músicos de nuestro país. El relato mezcla entrevistas, ensayos y crónicas con el objetivo de conectar raíces, desarrollo y actualidad de los protagonistas de parte de la historia cultural chilena. Simpleza y destreza narrativa, cualidades que le sobran a uno de los periodistas más respetados y admirados del periodismo musical.

Mauricio Jürgensen fue papá por segunda vez en mayo pasado, por lo que su respuesta ante los proyectos de este año se centra en arrullar a su hija, a quien cariñosamente agradece en el cierre de “Dulce Patria”.

Mientras disfruta los primeros días de Elena, el playlist que lo acompaña es “‘Mira Niñita’ de Los Jaivas, ‘En el patio de Simón’ de Congreso o también ‘Tatati’ de Inti Illimani, una canción tierna que me señala un lugar de confort. Uno tiende a pensar en músicas cálidas como si fueran un colchoncito emotivo”, asegura.

¿Cómo nace la inquietud de escribir el libro?

Fue a mediados del 2016 y después de un año y medio de estar a cargo del programa “Dulce Patria” de Radio Cooperativa que nació en 2010 y posteriormente el 2015 lo tomé yo. En mayo del año pasado me di cuenta que ya llevaba, en ese tramo de tiempo, 150 entrevistados y tuve la sensación de querer rescatar las historias y las buenas conversaciones que había tenido en el estudio. Por lo demás, el escenario del locutorio radial para mí es un escenario relativamente nuevo. Yo tengo experiencia en prensa escrita pero, en el fondo, descubrir la intimidad de la radio fue algo que me permitió tener conversaciones bien potentes con los músicos de distintos estilos.

Hay una especie de rescate…

Mi primera pulsión fue hacer un libro de entrevistas. Finalmente me contacté con la gente de Ediciones B y ellos me hacen ver que seria bueno hacer un libro que mezclara distintos estilos, una suerte de híbrido que termina configurando lo que es “Dulce Patria”.

Ordenar 150 entrevistas debe ser difícil, ¿cómo lo hiciste?

Primero seleccioné las mejores entrevistas, luego pensé en los personajes que me permitieran abordar ciertos tópicos que, para mi, siempre fueron interesantes, como la escena de los ochentas, el ninguneo a la música popular, los antecedentes de la música tropical, además de tratar de abordar géneros tales como el hip hop, el punk. En realidad fue aleatorio e instintivo.

 

Una metodología…

Me auto impuse un método de trabajo de sentarme en el computador una o dos horas al día además de escaparme a Viña del Mar, donde tengo un departamento y básicamente lo que hacía era encerrarme a escribir y ahí fue precisamente donde terminé el libro.

De todas esas anécdotas, ¿cuál consideras que es la mejor y por qué?

Cuando uno imagina al grupo Congreso grabando un disco de cumbia para poder acceder a tener horas de grabación y poder grabar su propio disco de estudio, da cuenta de cómo funcionaba la cosa en esa época. De la importancia de los sellos y lo difícil que era, incluso para un grupo como Congreso que es una de las bandas capitales de la música rock chilena. Me imagino también a Pablo Herrera haciendo un tributo a Jim Morrison antes de convertirse en baladista, en fin, creo que son varias historias que dan cuenta de lo que significa ser músico en Chile más allá de las diferencias de estilo entre los protagonistas del libro.

En el libro incluyes entrevistas de varios exponentes de la escena actual, ¿cuál es tu opinión con respecto al presente de la música chilena?

Uno tiende a pensar en la música chilena actual y generalmente la mirada se va hacia lo que hace Gepe, Javiera Mena, Camila Moreno, la Francisca Valenzuela; es decir los cantantes que surgieron después del 2000. Pero yo miro la música de manera más amplia y siento que hay algunos más consagrados u otros que han ido encontrando un discurso más chileno de manera muy saludable.

¿Pero qué te gusta?

Me gusta mucho lo que está pasando con artistas que han sido visibilizados por Mon Laferte;  Demian Rodriguez por ejemplo, el Rulo de Los Tetas, el proyecto del Macha y el Bloque Depresivo, lo que hace en la actualidad la Ana Tijoux. Siento que hay una identidad bien chilena que se está gestando en varios de esos proyectos que tiene que ver con rescatar la música cebolla.

Pero hay otros estilos…

La música tropical chilena, la Nueva Cumbia, la Cumbia Casera de Santa Feria y de otros tiene mucha más identidad local que lo que sonaba hace quince años. Me entusiasma, además, lo que va a pasar con la música chilena en los años que vienen cuando el influjo de los inmigrantes empiece a teñir nuestra música en otros colores. Creo que eso será muy lindo de escuchar.

“Hagamos” un poco de hambre… ¿cómo eres para cocinar, te gusta, tienes alguna especialidad?

Sí cocino pero lo hago demasiado poco como para tener una “especialidad”, lo que suelo hacer son cuatro o cinco platos y siempre con el libro de recetas a mano. Lo que se ha convertido en mi “especialidad” es el caldillo de congrio, el risotto de lo que sea y los porotos granados. La reacción de quienes me rodean, seguramente porque me quieren mucho, es que me quedan bastante bien. Me gusta, creo que si tuviera más tiempo y voluntad podría hacer más cosas.

Y si pudieras recomendarnos música para “hacer hambre”, ¿cuáles serían tus sugerencias?

Para el asado, no hay nada mejor que escuchar cumbia chilena, la Cubanacán de los setenta, Tommy Rey, Chico Trujillo. También puede ser los tangos o boleros… ¡Los Jaivas!; la música chilena de viejo cuño es ideal para los preparativos de una parrilla junto a los amigos, el descorche de botellas, los cabros chicos alrededor escuchando esa música es algo bien inspirador.

¿Y para la casa?

Si estás en la casa y estás preparando el caldillo de congrio, inmediatamente me traslada a un lugar en donde se escuchen valsecitos peruanos y ahí me pongo derechamente cebolla y pienso en Lorenzo Valderrama, Luis Alberto Martínez, Rosamel Araya, Ramón Aguilera, Lucho Barrios; canciones bien sufridas, bien de barrio, de puerto.

…¿y para el romance?

Sí estás cocinando algo en la noche, más romántico, siempre viene bien escuchar algo más clásico, de la década de los cincuenta. Pienso en Lucho Gatica, con esa estética Mad Men pero a la chilena; Antonio Prieto o el mismo Gatica puede ser muy acertado.

Ya que nos pusimos clásicos, viajemos al pasado… ¿qué comida y música asocias con tu infancia?

Yo nací y me crié en Viña del Mar. Mi plato favorito era la merluza frita, mi mamá hacía unas fuentes grandes de pescado frito y la música que asocio a esa escena son Los Jaivas, favorito de mi papá y una de las mías también.

Y de Viña, ¿podrías recomendarnos alguna picada?

Mentiría si digo que ando en búsqueda de ellas, probablemente lo hice cuando era más joven.

Pero juégatela…

Me gustan los clásicos. ‘El Cevasco’ es una fuente de soda a la antigua donde puedes comer los que yo considero los mejores completos de Chile. Generosos, grandes, con un pan que probablemente fue calentado en la misma parrilla donde hacen los churrascos, teñido de otro saborcito, de otros olores. Lo sirven con un recipiente de plástico de colores y con un schop bien aguado pero sigue siendo un lugar que siempre recomiendo.

Título: Dulce Patria, ediciones BPrecio referencia: $14.900