De la suma oscuridad pasó a llevar una vida luminosa, rebosante de motivaciones, sueños y triunfos. A pesar de que no cuenta con visibilidad, avanza a pasos agigantados. A continuación, una emotiva conversación sobre sus logros, la confianza que deposita en sus guías y como no, la infaltable comida.

— Por: Bárbara Alcántara

Luis Gutiérrez es un ejemplo. El deportista paralímpico de 36 años sufrió un accidente en 2009 que cambiaría su vida para siempre. Todo sucedió en una prisión de la región Metropolitana, cuando trabajaba como gendarme y en un confuso encuentro con un colega terminó con una bala en la cabeza. Después de 18 días en coma, Luis despertó y pensó que todo era una pesadilla, había quedado ciego y los pronósticos médicos eran desalentadores.

Lo que vino después fue un proceso complicado. Fueron tres años de terapias para manejar la rabia acumulada por lo que había tocado vivir. Tocó fondo. Perdió las esperanzas. Creía que nada podía salvarlo de las tinieblas en que estaba preso, ni siquiera su hija. En el momento del accidente María José aún no cumplía un año: “saber que no la iba a ver nunca más fue lo más complejo”, dice conmovido mientras se acomoda para sentir los rayos del sol de un frío miércoles otoñal. Luis Gutiérrez es un tipo delgado (66 kilos) y relativamente bajo, no mide más de 1.65 mt. Tiene un aspecto muy saludable, pelo corto peinado con algo de gel, lentes que cubren las prótesis de sus ojos y huele a perfume. El pequeño gigante acaba de terminar su entrenamiento diario.

¿Cómo nace la inquietud de empezar con el atletismo?

Con el objetivo de asumir la ceguera, entré a una escuela de ciegos y un día un profesor me preguntó si me gustaría correr. Yo le contesté que si estaba loco, ¿cómo? si yo soy ciego. Préstame tu bastón, me dijo. Lo dejó a un lado y tomó una cuerda con forma de ocho, yo tomé un costado, y él el otro. Luego dijo: trota, yo soy tu guía. Y así empecé a trotar cada vez más. Después vino la etapa de sanación de mi cuerpo.

De este modo, Luis descubrió que había algo más detrás de las sombras. Dejó el tabaco y el alcohol, además de empezar a cuidar su alimentación. Entrenó tanto que al poco tiempo pasó a formar parte de la Selección Nacional de Deportistas Paralímpicos. Ganó dos medallas de bronce en los Juegos Parasuramericanos Santiago 2014, una de bronce en el Open Caixa de Sao Paulo 2015 y posteriormente en los Juegos Parapanamericanos de Toronto Canadá 2015, sacó un séptimo lugar de veintidós competidores en los 1.500 metros planos.

Luis había encontrado su rumbo.

Un deportista como tú, que va sujeto a un guía atleta, debe confiar 100% en esa persona, la confianza es fundamental…

El guía atleta son mis ojos. Cuando empecé, en el caso de una corrida en la calle, a los guías nuevos se les olvidaba avisarme que había un lomo de toro y me caía. Igual me volvía a parar hasta llegar a la meta. Todo requiere de trabajo y de un buen plan de entrenamiento. Es mucha responsabilidad. Actualmente tengo dos guías buenos que me siguen el ritmo en la pista, en el trote y el kayak. Ambos tienen mejor rendimiento que el mío.

¿Y te ha tocado alguno que tiene menor rendimiento que tú?

¡Los guías se me han muerto! Me ha pasado en corridas de maratón de 15 o 21 kms. Me bajan los ritmos. Una vez me pasó en Melipilla que estábamos corriendo 12 k y al km 5 el guía paró porque no podía más. Finalmente hice dedo con la cuerda y otro competidor me ayudó hasta que llegamos a la meta.

Está claro que para ser un deportista de alto rendimiento debes llevar una alimentación sana pero, ¿de vez en cuando te tientas con algo chatarra o menos saludable?

Cuando no hay competencias importantes hacemos un trote largo y después, como premio, vamos a “chanchear”, pero eso lo hacemos una vez al mes. Con mi guía nos comemos un churrasco italiano y una bebida. Generalmente vamos a La Vega chica o a los carros de la calle, me gustan esos churrascos.

Me imagino que con la pérdida de un sentido, los otros se deben haber agudizado…

La audición es el sentido que tengo más desarrollado, me pasa mucho en el metro, el ruido de las puertas se me hace tan desagradable que tengo que taparme los oídos. Con respecto al gusto, también siento los sabores con mayor intensidad. De hecho, casi no como sal porque me empezó a molestar a tal nivel que la sentía picante. Lo que es extraño es que antes casi ni comía limón y ahora me encanta. Los sabores cítricos me gustan más desde que perdí la visión.

En la actualidad, el seleccionado nacional vive de una pensión que le otorga la Dirección de Prevención de Carabineros de Chile (DIPRECA), además se dedica a dictar charlas motivacionales cuyo mensaje está basado en la resiliencia y  fortaleza. Reconoce que, a pesar de la evolución que ha tenido su vida, le gustaría echar el tiempo atrás y tener la capacidad de ver nuevamente con la mentalidad que tiene hoy. “Pero eso no se puede”, comenta. Luego respira y como si pudiera ver, mira al horizonte y agrega: “haber quedado ciego fue como nacer de nuevo. He aprendido a querer más la vida. He aprendido a mirar las cosas de otra manera. Antes veía lo que quería ver y no lo que tenía que ver. Debo reconocer que me encantaría volver a apreciar una puesta de sol. Antes lo hacía pero no me daba cuenta ni valoraba su belleza. Eso ya no se puede y ahora tengo esto: el atletismo y mi hija son todo para mi”.