Un espacio sobrio, discreto y poco pretencioso se ubica en el corazón de Ñuñoa. ¿Su objetivo? La práctica del yoga Ashtanga. A continuación la historia de uno de los centros de yoga más especiales de Chile.

— Por: Bárbara Alcántara

“El yoga es el regalo de la India para el mundo”, frase que usó Narenda Modi, primer ministro de India, cuando en diciembre de 2014 se aprobó una resolución en las Naciones Unidas con el objetivo de establecer el 21 de junio como día mundial del yoga. Y es que la milenaria y sanadora disciplina hace años que salió de los círculos esotéricos para propagarse a través de la cultura popular. Una de las modalidades de la práctica india se llama Ashtanga, que en palabras simples es un yoga más dinámico, las posturas van armónicamente unidas entre sí por movimientos sincronizados con la respiración. Es así como, durante el tiempo que dura la práctica —una hora y media aproximadamente— el cuerpo está en constante movimiento para liberar toxinas a través del flujo respiratorio que, a su vez, produce un sonido característico y convierte a la sala en una pequeña selva de animales, que se contorsionan con la finalidad de encontrar bienestar físico y mental.

Para tal propósito se necesita un lugar que acoja y haga sentir como en casa. La escuela Ashtanga Yoga Chile (AYC) es uno de ellos. Con una construcción hecha de materiales nobles —sólo madera—, su sello es la intimidad e introspección que genera, además de la calidez que le entrega su creadora y dueña Loreto Cortés, quien la mantiene impecable, calefaccionada en invierno, fresca en verano… así como también suele tener flores que completan el toque acogedor.

Ubicada en la esquina de Diego de Almagro con Montenegro, AYC tiene una historia de casi 20 años. Todo comenzó cuando en 1998 Loreto —actriz de profesión— empezó a practicar ashtanga motivada por una amiga canadiense. Posteriormente, y después de tomar un taller en el centro Yogashala con Sharath Jois —nieto del fundador del ashtanga llamado K Pattabhi Jois—, decidió viajar a la escuela del maestro indio ubicada en la ciudad MySore. De este modo, el año 2001 y con un viaje a la localidad que vio nacer a la citada disciplina, la actual maestra iniciaría un camino sin retorno.

A su regreso y con un breve paso por Barcelona, Loreto comienza a hacer clases en salitas arrendadas, luego viaja nuevamente a India y en 2002 se establece definitivamente en Santiago, para emprender con la primera escuela especializada de yoga ashtanga en Chile, que en sus inicios se ubicó en la calle Hernando de Aguirre en una pieza en la parte trasera de la casa de su madre. De este modo nacía la escuela AYC.

12 años más tarde y después de haber invadido dicha casona, los alumnos desfilaban con sus mats por el living, cocina, baño y dos de las cuatro piezas. Era hora de dar el gran paso. Construir un espacio acondicionado para la práctica. El lugar elegido fue el hogar de Loreto junto a su marido e hija. Para esto trabajaron en conjunto con el arquitecto Germán Rodríguez y dieron vida a una joya del diseño y arquitectura con especial hincapié en la iluminación: “la idea era simular un templo, es por eso que la luz entra de forma tenue por el techo y las ventanas están ubicadas en la parte inferior de las paredes”, nos cuenta Loreto Cortés.

En la actualidad AYC recibe a más de cien practicantes y cuenta con tres profesores además de Cortés. Se ha implementado yoga para niños, embarazadas y aero yoga; sin embargo el ashtanga, es el método que atrae a la mayoría de los asistentes, que llegan cada día en búsqueda de armonía, equilibrio y alineación de cuerpo y mente. La vida adquiere mayor sentido cuando practicas el regalo que nos hizo una de las civilizaciones más antiguas del mundo. Algo tan sencillo como una ducha caliente y un vaso de agua fresca después de dos horas de meditación física pueden hacerte feliz. Lo escribe una de las practicantes de la escuela AYC, a mucha honra. Namasté.

Dónde: Diego de Almagro 4667, ÑuñoaCuándo: De lunes a viernesPrecio: Desde $30.000 a $50.000Web: http://ashtangayogachile.com/